LOS TALLERES DE LAS CARCELES CATALANAS FACTURARAN 20 MILLONES ESTE AÑO

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"Este es el papel con
el que nos empapelan", bromeó un recluso del centro penitenciario
Ponent que trabaja en la imprenta del establecimiento en la que, entre
otros productos, se elabora el papel de oficio en el que los jueces
redactan sus sentencias.

Más de
3.200 internos, casi una tercera parte de la población penitenciaria de
Catalunya, trabajan de forma remunerada en los talleres de los centros,
que ofrecen precios competitivos y reciben encargos de unas 300
empresas. La actividad productiva en los penales catalanes, entendida
como un instrumento imprescindible para la reinserción de los internos,
pues implica la adquisición de hábitos laborales y formación para su
futura incorporación al mundo del trabajo, es tal que "prácticamente en
todos los hogares de Catalunya hay algún elemento que ha sido fabricado
en un centro penitenciario", explica Adolf Cabruja, gerente del Centre
d´Iniciatives per a la Reinserció (Cire), empresa pública adscrita al
Departament de Justícia.

Automoción, construcción, farmacéutico, artes gráficas,
instalaciones... Los sectores para los que trabajan los presos son
numerosos y la facturación y clientela del Cire presentan un
crecimiento extraordinario. En el 2003 la empresa facturó 6,60 millones
de euros, que pasaron a 16,85 en el 2007 y este año se confía en
rebasar la barrera de los 20 millones.

La crisis apenas afecta, dice Cabruja. Al contrario, pues los costes de
producción en presidio son inferiores a los del mercado, lo que
representa un gran aliciente para las empresas, especialmente en
tiempos de incertidumbre económica. Todos los clientes del Cire son
firmas catalanas, salvo una de Sevilla que ha comenzado hace poco a
encargar tareas. "Las empresas no nos contratan por motivos sociales,
sino porque somos competitivos, y en muchos casos somos una alternativa
a la deslocalización. Somos competitivos en calidad y precio, esto es
una empresa, no una ONG", precisa Adolf Cabruja.

"Arbeit macht frei", rezaba sardónicamente a las puertas de los campos
de concentración de la Alemania nazi. "El trabajo os hará libres". Nada
de eso, ni allí, ni aquí. Con la última reforma del Código Penal, el
trabajo penitenciario dejó de computar para redimir parte de las
condenas. Pero aunque no conduzca más rápidamente a la libertad,
presenta el atractivo de las retribuciones y, todavía más importante al
parecer de los internos, ayuda a combatir el tedio de la cárcel.
Trabajar no es ninguna obligación, es voluntario. El único requisito
consiste en pasar la selección de la junta de tratamiento de cada
establecimiento.

Los convictos perciben unos ingresos medios que rondan los 250 euros
mensuales por una jornada de trabajo de cuatro horas diarias, lo cual
se aproxima al salario mínimo interprofesional. El 68% se considera mal
pagado - al igual que ocurre entre los trabajadores civiles-,pero es un
dinero muy bienvenido para efectuar compras en los economatos (ahora
denominados botigues y gestionados por reclusos) de las penitenciarías
o para enviar a los familiares. Las 32.508 nóminas percibidas por
reclusos durante el año pasado ascienden a un total de 7,46 millones de
euros, según datos del departamento económico co-financiero del Cire.

De los 1.263 presos ocupados en el 2003 se ha pasado a más de 3.200.
Sólo en Quatre Camins trabajan 750 reclusos. Los talleres de las
penitenciarías están al límite, con lo que Justícia ha optado por crear
tres centros de trabajo en naves industriales ajenas a las prisiones,
en Raïmat (Lleida), Lliçà de Vall y Montmeló, a las que se trasladan
los presidiarios previa autorización judicial, una experiencia que no
se da en ninguna otra comunidad española. Las nuevas prisiones, como la
de Lledoners, en Sant Joan de Vilatorrada (Bages), se adaptan a la
nueva realidad laboral con amplias zonas de trabajo y muelles de carga
y descarga de mercancías.

Además, se realizan servicios exteriores, desde limpiezas forestales
hasta mudanzas pasando por rehabilitaciones de edificios. Las
dependencias del president de la Generalitat en la Casa dels Canonges
han sido pintadas por convictos, al igual que diversos centros
universitarios. Fueron presos quienes edificaron el año pasado la
escuela oficial de idiomas de Salou y se ocuparán de adecuar las
instalaciones de la nueva jefatura de la policía local de esta
localidad.

Según Cabruja, las incidencias derivadas de las salidas laborales de
los internos son mínimas. "Queremos romper con el estereotipo
peliculero del preso trabajando en una carretera con grilletes en los
tobillos", explica. El Cire se ha marcado el objetivo de trasladar a
los centros penitenciarios la fabricación del mobiliario de los centros
educativos de Catalunya en línea con la práctica que se desarrolla en
Alemania. De hecho, la ropa de cama de la red hospitalaria del Institut
Català de la Salut se produce en los establecimientos penitenciarios.

¿Competencia desleal o dumping? De ninguna manera, según el Cire,
puesto que las puertas de las cárceles no están cerradas para ninguna
empresa. De hecho, patronales y sindicatos forman parte del consejo
asesor del Centre d´Iniciatives per a la Reinserció y no se ha
producido ningún reproche en este sentido.

Al margen del trabajo para terceros, los presos producen elementos para
las cárceles y una línea de 25 productos propios denominada Made in
Cire en la que figuran vajillas de cerámica, bolsas y otros objetos de
prestigiosos diseñadores, como Antonio Miró. A modo de ejemplo, el
pasado año salieron de los penales 53.000 cajas de madera para vino y
cava, 2.400 armarios para cajas eléctricas de obra, 12.000 sobres de
papel, 5 millones de carpetas o 300.000 sábanas.

Donde se nota la crisis, y mucho, es en la bolsa de trabajo para los
reclusos que recobran la libertad o logran el tercer grado
penitenciario (sólo deben acudir al presidio para pernoctar). En el
2006 el Cire intermedió en la firma de 851 contratos de trabajo para
estas personas, la mayor parte en los sectores de la construcción y la
hostelería. La cifra se disparó el año pasado hasta las 1.568
colocaciones, pero en el 2008 se ha reducido drásticamente, a una
tercera parte de las del año anterior, y las perspectivas no son nada
halagüeñas.

A fin de verificar los resultados de los esfuerzos realizados en el
adiestramiento profesional de la población penitenciaria, Catalunya
está realizando el primer estudio desarrollado en Europa sobre el grado
de inserción laboral de los ex presidiarios, con un seguimiento de los
contratos de trabajo en el periodo comprendido entre los años 2003 y
2009.


El Govern quiere que todos trabajen

El Govern aprobó el martes el proyecto de ley del Cire. "Se trata de
que el tiempo de condena no sea un tiempo en vano, sino un tiempo
productivo" que implique un aprendizaje cara a una posterior
reinserción sociolaboral, señala la consellera de Justícia, Montserrat
Tura. La normativa facilita a las administraciones la petición de
servicios del Cire.

Fuente: La Vanguardia

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